Ensueño de opio

Fumadora de opio

Es otra señorita de Maupin. Es viciosa
y frágil como aquella imagen del placer,
que en la elegancia rítmica de su sonora prosa
nos dibujó la pluma de Theófilo Gautier.

Sus rojos labios sáficos, sensitivos y ambiguos,
a la par piden besos de hombre y de mujer,
sintiendo las nostalgias de los faunos antiguos
cuyos labios sabían alargar el placer.

Ama los goces sádicos. Se inyecta de morfina;
pincha a su gata blanca. El éter la fascina,
y el opio le produce un ensueño oriental.

De súbito su cuerpo de amor vibra y se inflama
al ver, entre los juncos, temblar como una llama
la lengua roja y móvil de algún tigre real.

Francisco Villaespesa

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  1. Audri dice:

    Buenos días.
    Me gusta ese poema de Villaespesa ke nos has dejado.
    Ya es jueves.
    El fin de semana se acerca y eso me alegra.
    Pasa un buen día.

    Un beso.

    Olga.

  2. Audri dice:

    Buenas tardes.
    Ke tengas un buen sábado.

    Un beso.

    Olga.

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